Si hay algo seguro en esta vida es que todos estamos predestinados a ser felices.
Dios al crearnos nos puso en el paraiso y la expulsión que nos hizo, no fue para negarnoslo sino para que lo valoraramos una vez volvieramos a llegar a él.
La felicidad, por tanto, no es un derecho exigible. NI a Dios ni a nadie. Es un deber por el cual tenemos que trabajar convirtiendo nuestro diario actuar en el camino que en si mismo proporciona felicidad.
La felicidad no conlleva ausencia de problemas, ni ausencia de dolor. La felicidad nos permite estar en goce aún en circunstancias que otros calificarían como adversas.
La sola lectura de este libro no te hará feliz. Esa labor corresponde a tu libre albedrío y a todo lo que valiéndote de él realizas en tu diario trasegar. Lo único que te aportará este libro es una aproximación a un conocimiento que te hará más proclive a transitar por la felicidad.
Conocer las tres leyes espirituales para la felicidad plena te sensibilizará a quererlas aplicar. SI las aplicas te acercarás a la felicidad. Cunto más cerca, depende de tí. Lograrla actualmente esta lograrlo.